El aborto, una gran amenaza para la paz Imprimir E-Mail
David Pérez   
martes, 30 de marzo de 2010
David_PerezHay pocas imágenes que transmitan una sensación tan clara de paz como la del niño no nacido, ajeno a toda preocupación y amenaza. Absolutamente indefenso, vulnerable y necesitado de la protección y el cuidado imprescindibles para afrontar una etapa singular de su vida. Antes de continuar desarrollando este razonamiento, yo quisiera transmitir a todas las mujeres que se encuentren ante la tesitura de abortar, que consideren la posibilidad de dar a su hijo en adopción porque hay muchas personas deseando adoptar y permitir que estos niños y niñas vivan una vida que de otra forma se perderá para siempre.

Es tan inhumano sustituir esa protección por un acto de violencia que termine con la vida del niño que parece inconcebible pensar en la generalización de la práctica del aborto en nuestra sociedad. Pero es una realidad trágica y dolorosa para tantas mujeres a quienes tantas veces no se ofrece más camino que el de perder para siempre la valiosa e irrepetible vida de sus hijos. Y a eso se le llama progresista.

Privado de una vida que ya nunca será vivida, el niño es sometido a un acto de violencia directa aunque soterrada bajo un complejo sistema de intereses económicos que se lucran a costa de vidas humanas, artimañas legales que pervierten el Derecho para ponerlo al servicio de esta gran tragedia, y deserciones médicas de quienes reniegan del compromiso de salvar vidas y ponen la medicina al servicio de su eliminación masiva.

Es una evidencia científica que el ser humano desarrolla su sistema nervioso muy pronto, su cerebro empieza a funcionar antes del segundo mes de embarazo y su capacidad de sentir dolor antes del tercero. Toda la propaganda abortista, apoyada en un equivocado y falso progresismo, va encaminada a evitar que se considere al niño no nacido como un ser humano y a evitar cualquier mención a su naturaleza, a sus derechos, a su agonía. ¿Cómo es posible que se pueda trocear a un niño que puede sentir y siente dolor sin ningún tipo de anestesia? Se ha extendido un espeso manto de silencio sobre las víctimas del aborto, que quedan privadas de cualquier posible defensa, absolutamente desamparadas y sometidas a pavorosas prácticas quirúrgicas y químicas. Los defensores del aborto no quieren que se hable de esto, lógicamente. Pero aunque sólo sea por razones humanitarias, es urgente alzar la voz en defensa de los que nada tienen salvo la vida que se les arrebata.

Hay muchas formas de violencia, pero las peores son las que se dirigen contra los más indefensos. Hay muchos tipos de injusticia y la peor es también la que elige como víctimas a los más débiles. Los niños no nacidos son seres humanos indefensos, débiles, inocentes. Injusticia y violencia se combinan en la práctica del aborto hasta convertirse en una de las más graves amenazas para la paz.
Eliminar sin ningún tipo de compasión a un ser humano inocente de toda culpa y necesitado de toda protección es un acto de violencia, es un atentado contra la paz, es un ataque directo contra la Humanidad.

Mientras millones de seres humanos no nacidos sean eliminados bajo la asepsia del sistema, el letargo moral de la sociedad y la conjunción de poderosos intereses económicos y políticos, no habrá auténtica paz, tal y como yo la entiendo. Y no concibo otra forma de entenderla distinta de un estado de convivencia, respeto, solidaridad, seguridad y concordia en ausencia de toda actitud violenta e injusta.



* David Pérez García es Portavoz del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid

Este diario no asume como propias las opiniones difundidas a través de las colaboraciones y cartas al director que publica.



Publicado originalmente:: 2010-03-29 23:00:00

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