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Pedro Amorós
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miércoles, 22 de julio de 2009 |
Carmen Bousada, la mujer de 67 años que dio a luz a dos niños en el año 2006 gracias a tratamientos fertilizantes,
falleció tras un rápido cáncer hace poco más de una semana.
Hace unos años una familia conocida falleció a causa de un accidente de
coche. Entonces, contemplé horrorizado cómo la prensa se cebaba con el
difunto padre, pues conducía a más velocidad de la permitida.
Sólo me consoló una argumentación: si lo criticaban no era porque fuera
una mala persona, sino porque de su error podían aprender otras
personas. Pues bien, dicen por ahí que Dios perdona y olvida, que el
hombre perdona pero no olvida y que la naturaleza ni perdona ni olvida.
Y así, la naturaleza ni le olvidó ni le perdonó a Carmen la imprudencia
cometida. Los hijos no son un capricho. Y ahora tenemos dos huérfanos
de dos años. Dura lex, sed lex. Aprendamos la lección para no repetirla.
Este diario no asume como propias las opiniones difundidas a través de las colaboraciones y cartas al director que publica.
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