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Juan Antonio Martínez
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miércoles, 16 de diciembre de 2009 |
Lleva 30 años emperrado en lo mismo, en insultar a los obispos haciéndose pasar por católico,
sin más acreditación que su devaluada verborrea y sin más beneficio que
la complacencia del tiranuelo que le respalda y mantiene en el cargo.
Nunca dice que es un pobre sirviente privilegiado del poder al que sirven todos los socialistas para
denunciar sus excesos, ninguno lo ha hecho en los últimos 30 años, la
conciencia de clase no se revela contra la acumulación y concentración
de su capital, ni siquiera se menciona y menos se hacen huelgas contra
él. A este respecto hay que reconocer la evidencia de que todos los
socialistas y comunistas son iguales; ninguno ha osado molestar los
intereses de tan singular prepotencia.
Es difícil ser católico sirviendo de una manera tan rastrera al
sectario tirano refractario a la religión ante el que se doblegan los
socialistas, aunque la miseria de la ignorancia y la ignominia de la
prebenda permitan decir cualquier cosa contra los insumisos a ese poder tenebroso.
Creo que fue llamado víbora con cataratas por un correligionario y no
parece desacertado; es el animal más rastrero y venenoso de la
península ibérica. Se siente ofendido demostrando menos virilidad que
si estuviera capado, vasectomizado u homosexualizado, con el único fin
de cumplir las exigencias para el ascenso dentro de su partido, simula
que “llora como mujer por lo que como hombre no es capaz de defender”.
Dice que no es un asesino aunque tiene un alto puesto en la jerarquía del partido de los terroristas del GAL,
lo que evidentemente le capacita para dar lecciones de democracia y de
moral laica, entre ellas está promover la alucinación del derecho al
aborto para borrar la “creencia” de que hay muchos seres humanos a los
que se está matando.
Hay una cosa peor que la hipocresía, -de la qué él tanto acusa a los
obispos-, es la de la imposibilidad de ella y, aquí también, todos los
socialistas son iguales y, si no lo son ya, pronto hará que lo sean el
ministerio de igualdad; carentes de dignidad sólo les queda ladrar.
* Juan Antonio Martínez Muñoz es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.
Este diario no asume como propias las opiniones difundidas a través de las colaboraciones y cartas al director que publica.
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